El ictus es un ataque cerebral ocasionado por la interrupción del suministro de sangre al cerebro. Se trata de una emergencia médica que necesita atención inmediata. Te contamos cómo ocurre y qué hacer ante la aparición de los primeros síntomas.

El ictus es la quinta causa de muerte en los Estados Unidos. Según los datos publicados por el Centro para el Control y Prevención de enfermedades (CDC en sus siglas en inglés) casi 800.000 personas padecen algún tipo de derrame cerebral cada año. Eso equivale a aproximadamente una persona cada 40 segundos.

Durante un ictus, el cerebro no recibe suficiente oxígeno o nutrientes, lo que hace que las células cerebrales mueran. Los accidentes cerebrovasculares deben diagnosticarse y tratarse lo más rápido posible para minimizar el daño cerebral. El tratamiento depende del tipo de accidente cerebrovascular.

La forma más efectiva de prevenir los accidentes cerebrovasculares es mantener un estilo de vida saludable.

Aproximadamente, el 40% de las personas que mueren a causa de un accidente cerebrovascular son hombres, y el 60% de las muertes ocurren en mujeres.

¿Cómo se trata un ictus?

Como los ictus isquémicos y hemorrágicos tienen diferentes causas (más adelante veremos los distintos tipos) ambos requieren diferentes formas de tratamiento. No solo es importante que el tipo de accidente cerebrovascular se diagnostique rápidamente para reducir el daño causado al cerebro, sino también porque un tratamiento adecuado para un tipo de ictus concreto puede ser perjudicial cuando se trata de un tipo diferente.

Los accidentes cerebrovasculares isquémicos son causados ​​por el bloqueo o estrechamiento de las arterias, por lo que el tratamiento se centra en restaurar un flujo adecuado de sangre al cerebro. El tratamiento comienza con medicamentos que rompen los coágulos y evitan que se formen otros. Se puede administrar aspirina, al igual que una inyección de activador de plasminógeno tisular (TPA).

El TPA es muy efectivo para disolver los coágulos, pero debe inyectarse dentro de las 4 o 5 horas posteriores a la aparición de los síntomas del accidente cerebrovascular. Los procedimientos de emergencia incluyen administrar TPA directamente en una arteria en el cerebro o usar un catéter para eliminar físicamente el coágulo. La investigación aún está en curso en cuanto al beneficio de estos procedimientos.

Intervención quirúrgica

Hay otros procedimientos que pueden llevarse a cabo para disminuir el riesgo de accidentes cerebrovasculares. Una endarterectomía carotídea involucra a un cirujano que abre la arteria carótida y extrae cualquier placa que pueda estar bloqueandola.

Alternativamente, una angioplastia involucra a un cirujano que infla un pequeño globo en una arteria estrechada a través del catéter y luego inserta un tubo en la abertura. Esto evita que la arteria vuelva a estrecharse.

Por otro lado, está el ictus hemorrágico, que es causado ​​por la sangre que se filtra hacia el cerebro, por lo que el tratamiento se centra en controlar el sangrado y reducir la presión en el cerebro. El tratamiento puede comenzar con medicamentos administrados para reducir la presión en el cerebro, controlar la presión arterial general, prevenir las convulsiones y prevenir las constricciones repentinas de los vasos sanguíneos.

medico con una radiografía del cerebro

Si una persona está tomando anticoagulantes anticoagulantes o un medicamento antiplaquetario como la warfarina o el clopidogrel, se le pueden administrar medicamentos para contrarrestar los efectos de la medicación o las transfusiones de sangre para compensar la pérdida de sangre.

La cirugía se puede usar para reparar cualquier problema con los vasos sanguíneos.

Los cirujanos pueden colocar pequeñas pinzas en la base de los aneurismas o llenarlas con resortes desmontables para detener el flujo de sangre y prevenir la ruptura. Si la hemorragia es causada por malformaciones arteriovenosas, la cirugía también es útil para extirparlas si no son demasiado grandes ni demasiado profundas en el cerebro.

Tipos de ictus

Existen 3 tipos principales de accidente cerebrovascular o ictus:

Ictus cerebrovascular isquémico: este es el tipo más común de accidente cerebrovascular. Ocurre por la formación de un coágulo de sangre que evita que la sangre y el oxígeno lleguen al cerebro.

Ictus cerebrovascular hemorrágico: se produce cuando un vaso sanguíneo debilitado se rompe y normalmente se produce como resultado de aneurismas o malformaciones arteriovenosas.

Ictus isquémico transitorio: también conocidos como mini accidentes cerebrovasculares, se producen después de que el flujo de sangre no llegue a una parte del cerebro. El flujo sanguíneo normal se reanuda después de un corto período de tiempo y los síntomas cesan.

Causas y síntomas

Los diferentes tipos de accidente cerebrovascular tienen diferentes causas. Sin embargo, es más probable que los accidentes cerebrovasculares afecten a las personas si tienen los siguientes factores de riesgo:

  • Sobrepeso.
  • 55 años o más.
  • Historial personal o familiar de apoplejía.
  • Estilo de vida inactivo.
  • Tendencia a beber mucho, fumar o usar drogas ilícitas.

Los síntomas de un accidente cerebrovascular a menudo aparecen sin previo aviso.

 Los principales síntomas del accidente cerebrovascular son:

  •  Confusión, incluyendo problemas para hablar y entender.
  • Dolor de cabeza, posiblemente con alteración de la conciencia o vómitos.
  • Entumecimiento o incapacidad para mover partes de la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo.
  • Problemas de visión en uno o ambos ojos.
  • Problemas para caminar, incluyendo mareos y falta de coordinación.

Los accidentes cerebrovasculares pueden conducir a problemas de salud a largo plazo. Dependiendo de la rapidez con que se diagnostica y trata, una persona puede experimentar discapacidades temporales o permanentes como consecuencia de un derrame cerebral.

Además de la persistencia de los problemas mencionados anteriormente, las personas con un ictus también pueden experimentar lo siguiente:

  • Problemas de control de la vejiga o del intestino.
  • Depresión.
  • Dolor en las manos y pies que empeora con el movimiento y los cambios de temperatura.
  • Parálisis o debilidad en uno o ambos lados del cuerpo.
  • Problemas para controlar o expresar emociones.
  • Los síntomas pueden variar en severidad.